Una preceptora para cada alumna
Desde que una alumna ingresa al colegio, cuenta con una preceptora: una profesora de Salcantay que la conoce, conversa con ella con frecuencia y la acompaña en su trayectoria escolar. No es la tutora de turno ni una figura rotativa: es alguien estable en su vida de colegio, que se interesa por cómo le va en matemática, pero también por cómo se está sintiendo, qué la entusiasma, qué le pesa, cómo está creciendo.
La preceptora se reúne con la alumna con regularidad, en un entorno de confianza. En esas conversaciones se revisan metas concretas de crecimiento académico, personal, social y espiritual. La alumna sale de cada encuentro con un horizonte un poco más claro y, muchas veces, con compromisos concretos que ella misma se ha planteado.
Una herencia que sostenemos desde 1987
La figura de la preceptora ha estado presente en Salcantay desde su fundación. Aparece descrita en los documentos institucionales más antiguos del colegio con palabras que mantenemos: «la preceptora es una de las piezas clave del colegio, pues sobre ella descansa, en gran medida, la formación humana de las alumnas y la orientación personal de cada una». No es una figura administrativa: es la amiga que se adelanta para prevenir, estimular y ayudar. Esa definición, escrita hace décadas, sigue describiendo con precisión lo que la preceptora hace hoy en Salcantay.
Alianza real con la familia
La preceptora también acompaña a los padres. Se entrevista con la familia varias veces al año para compartir lo que observa en la alumna, escuchar lo que los padres ven en casa, y juntos definir criterios comunes. Esa coherencia entre los dos ámbitos que más educan a una alumna es lo que sostiene su crecimiento.
Las entrevistas no son reuniones formales para informar notas. Son conversaciones reales sobre la hija, en las que se busca unidad de criterio entre el colegio y el hogar. Cuando esa unidad existe, todo es más fácil: las exigencias se entienden, los logros se celebran, las dificultades se atraviesan en equipo. Cuando no, cada uno educa por su lado y la alumna recibe mensajes mixtos.
Acompañar, no controlar
Conviene aclarar lo que la preceptoría no es. No es supervisión disciplinaria. No es vigilancia académica. No es una segunda evaluación. La preceptora no juzga ni fiscaliza. Escucha, orienta, propone, ayuda a la alumna a verse mejor a sí misma y a tomar decisiones más libres.
Por eso una preceptora dedica tanto tiempo a conocer a fondo a sus alumnas: porque sólo desde un conocimiento real se puede acompañar bien. Sin ese conocimiento, los consejos suenan a discurso y las metas a tarea. Con él, la conversación importa y los compromisos se sostienen.
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