Salir del aula también es estudiar
Una parte importante de lo que una alumna aprende durante el año no ocurre dentro del aula. Ocurre cuando viaja, observa, convive, depende de sí misma y se enfrenta a una realidad distinta. Por eso los viajes de investigación son una pieza central del proyecto académico de Salcantay, no una actividad complementaria.
Cada viaje tiene objetivos académicos claros, está integrado al currículo de su grado, y se prepara con anticipación: lecturas previas, preguntas de investigación, materiales para registrar observaciones. Durante el viaje, las alumnas no son turistas: son estudiantes en campo. Y al volver, presentan lo aprendido a sus compañeras, a sus profesoras y, en ocasiones, a sus familias.
Viajes Académicos
El programa de viajes está pensado como una progresión que crece con las alumnas. Los destinos se eligen en función de lo que cada grado está estudiando, y la exigencia se va ampliando con la edad
El Perú como aula
Una de las convicciones del programa es que no se puede formar una mirada amplia del mundo sin conocer primero el propio país. Por eso buena parte de los viajes de investigación lleva a las alumnas a distintas regiones del Perú: la sierra norte y sur, la costa, la Amazonía. Aprenden geografía, biodiversidad, historia y cultura no desde un libro, sino caminando los lugares.
Esta dimensión nacional del programa cumple un rol formativo específico: que cada alumna salga de Salcantay con una identidad peruana sólida, con conocimiento real del país en el que vive y con afecto por sus regiones, sus gentes y sus paisajes. Antes de cruzar fronteras, conocer el propio territorio.
Viajes Internacionales
Para los grados mayores, el programa se extiende también al ámbito internacional. Algunas alumnas viajan al extranjero como parte de delegaciones académicas (MUN), de intercambios en estancias en campus universitarios de Estados Unidos y Reino Unido.
Lo que se aprende viajando
Hay aprendizajes que sólo ocurren en un viaje. Compartir cuarto con compañeras durante varios días enseña convivencia. Estar lejos de casa, autonomía. Caminar tres horas en altura, perseverancia. Observar de cerca o compartir con una comunidad distinta a la propia, mirada y sensibilidad. Escribir un diario de campo, disciplina intelectual. Presentar el proyecto a la vuelta, capacidad de síntesis y comunicación.
Y queda algo más, difícil de medir pero fácil de notar en una alumna que ha viajado bien: una mirada más despierta. Una capacidad de ver lo que está alrededor con curiosidad y con respeto. Eso, también, es despertar humanidad.
Transformar el mundo
Cada viaje es una pieza dentro de una formación más grande. Algunos darán frutos visibles un trabajo de investigación, una nota IB, una vocación que se enciende. Otros darán frutos invisibles, que aparecerán años después, cuando una egresada recuerde dónde aprendió a observar, a convivir y a ser parte de algo más grande que ella.
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